Prueba de bravura

A campo abierto

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La inmensidad de la dehesa nos desvela el misterio de la bravura, a campo abierto, en ‘Torrete’ la finca en la que Francisco Ruiz Meléndez conjuga nobleza con raza, a través de la selección de las madres que dejarán la simiente necesaria para que los toros de la doble R triunfen en los ruedos.

Gallardo.-

Ocurre que cuando uno vive emociones intensas, especialmente bonitas y que te hacen sentir tanto y tan profundo, estas deseando que se repitan una y otra vez.

Para mí el campo es vital. Además cuando hablo de toros o toreo, siempre tengo como origen, referencia y guía el CAMPO. Y lo escribo en mayúsculas porque ahí esta la esencia, la verdad, la pureza, el valor, el frío, el sol, las flores, donde manda el corazón, las cosas bien hechas, donde brota el sentimiento, la pasión y donde se puede escuchar el silencio.

En el campo es donde se forja y crece un torero. Lo que allí consiga difícilmente lo logrará en la plaza. Allí se miden, se exigen, se sienten, se pulen, en definitiva se afianza su concepto. Es el laboratorio perfecto para el toreo.

Pero si para los toreros es laboratorio, qué podemos decir para los ganaderos. En el campo fijan caracteres, matices y dotan de personalidad a la ganadería, con su trabajo diario, pasando horas y horas con el único objetivo de adivinar y encauzar esos ríos de bravura que todos buscan y que si tiene la suerte de encontrar, será aquí, pisando la hierba, el barro, tragando polvo, trabajando y disfrutando del campo donde lo hallen.

 

Dicho lo cual, es difícil imaginar marco más especial para este reportaje el que os vamos a mostrar un tentadero de hembras sobre el tapete inigualable de la dehesa extremeña, preñada de hierba y flores. Con un torero, Julio Parejo, y un ganadero, Francisco Ruiz Meléndez, que busca a través de las eralas que con tanto amor y fe cría, el vivero perfecto en  el que germinará la bravura para esos toros que años más tarde engrandezcan la divisa oro y rojo de su ganadería.

 

Porque la bravura es ese misterio que se transmite de generación en generación donde la vaca se arranca, levantando tierra, desde treinta metros, al caballo de picar. Y fija y galopando llega al peto, donde empuja con toda la fuerza de sus antepasados, que han regado de bravura estos campos y tantas plazas.

Para acto seguido acudir, con clase y nobleza,  al cite del torero. Quienes embriagan como si fuesen un único ser todas sus emociones y sentimientos. Espectáculo sin igual que se goza desde el silencio roto por el crujío de cada muletazo.

Es tal la bravura y la nobleza del animal que uno a uno los intervinientes van pasando por el almíbar de sus embestidas para saciar su sed torera. Pero eso como dicen que una imagen vale por mil palabras, nada mejor que solazarse con las instantáneas que se recogieron ese día en ‘Torrete’, donde haciendo gala a su nombre pudimos ver un torrente de toreo del bueno en los capotes y muletas de Julio Parejo, Tomás Campuzano, Fernando González y José Garrido.

Un torrente similar al que fluye por las venas de las vacas y toros de Curro Ruiz Meléndez, ganadero de reses bravas.

Disfruten de este momento, tal y como un servidor disfrutó de un día que pervive tan fresco mi memoria se quedó por siempre entre las encinas, la hierba y la casta.

GALERÍA GRÁFICA de GALLARDO

El ganadero y los jinetes camino del tentadero. Francisco Ruiz Meléndez, forjador de bravura. Ultimando los detalles antes de que comienzo la prueba de bravura.
La vaca se arranca al caballo de picar. Después del caballo, toca quitarla con el capote. En la muleta de Parejo también muestra fijeza.
Y se emplea yendo larga. Demostrando un gran tranco en la embestida. Como se observa en este monumental muletazo.
Rematado con el de pecho. La vaca continuó embistiendo con celo. Con una nueva vaca Julio se relajó toreando a gusto.
Encajado de riñones Julio se gustó y gustó. Cuando la bravura brota en todos los sentidos El maestro Tomás Campuzano evocando el ayer.
Todos querían sentir la bravura en sus muñecas. Por eso Fernando González se estiró con la muleta. Y cambio su poderoso capote por la fragilidad de la muleta.
La sensibilidad permitió que el alumno Jose Garrido actuase. Que disfrutó en el marco incomparable de la dehesa. Gustándose al natural con las garrochas por testigo.
Estampa de bravura. Hombre, caballo y toro. Siempre admirados. De vuelta al cortijo los recuerdos se agolpan en las monturas.