FERIA DE ZAFRA - 2ª Corrida de Toros

¡Torero, torero, torero!

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Talavante paseado en hombros. (FOTO: Gallardo)
Talavante paseado en hombros. (FOTO: Gallardo)

Alejandro Talavante desata la locura en su encerrona en solitario en la plaza de toros de Zafra, cortando nueve orejas y un rabo. Sin embargo, lo que quedará para el recuerdo será su tauromaquia excelsa.

LA FICHA

TOROS: Se han lidiado toros de Victoriano del Río (noble), Cayetano Muñoz (de buena condición), Garcigrande (bueno), Daniel Ruiz (descastado), Zalduendo (colaborador), Núñez del Cuvillo (boyante). Y un sobrero de Zalduendo (muy bueno).

ESPADA: – Alejandro Talavante (purísima y oro), oreja, oreja, dos orejas, ovación, oreja, dos orejas  y dos orejas y rabo en el sobrero que regaló.

INCIDENCIAS: Talavante toreó en solitario. Actuaron como sobresalientes David Saleri y José Caraballo. Media plaza.

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Antonio Girol.-

Tercera y última crónica de la feria de Zafra, y como en las dos anteriores mi agradecimiento sincero a la Empresa concesionaria de la plaza por haber, un día más, permitido que usted, lector de Badajoz Taurina, pueda tener cumplida información de lo que pasó en el ruedo segedano. De otra forma hubiese sido imposible; ya que, incomprensiblemente, en esta ocasión la Junta de Extremadura no había acreditado más que al fotógrafo de este portal. Afortunadamente Zafra ha tenido idéntico tratamiento informativo al del resto de ferias que hemos cubierto esta temporada. Sumando  un total de 33 festejos.

¡Torero, torero, torero! Ese era el grito unánime, cuyo eco llegaba desde Zafra hasta las calles de La Puebla de Sancho Pérez, cuando Alejandro Talavante paseaba las dos orejas y rabo del sobrero de Zalduendo. Habían transcurrido casi tres horas desde que asomase, de purísima y oro como en la famosa canción de su admirado Sabina, por la Puerta de Cuadrillas; y sin embargo se hizo tan corto que en el ambiente quedó esa sensación de querer más…de querer seguir viendo su portentosa izquierda dibujar arabescos en la arena de la centenaria plaza segedana.

Siete toros y siete faenas distintas sin necesidad de alharacas impostadas, gestos para la galería, ni rodillazos innecesarios…Simplemente la gubia de los naturales labrando la madera del toreo fundamental, eterno; y entre tanda y tanda, los inicios y los finales moldeados por el escoplo de los adornos. Así es cómo se cincelan las ‘encerronas’ que perduran en la memoria. Y la de este dos de octubre será siempre recordada como aquélla en que Talavante se consagró en maestro absoluto de esa profesión que desde niño soñó, sentado en las gradas del coso pacense, empapando su mirada con lo que sucedía en el ruedo.

Digno.-

Así se llamaba el primero de la tarde. Y el nombre le hacía honor a su sello de bravo, noble y colaborador. Llevaba herrado el pial de Victoriano del Río. Antes de que saliese al albero, el público en un gesto cariñoso obligó al torero a saludar desde el tercio. Y en esos mismos terrenos haría lo propio a la verónica Alejandro con su primer antagonista, con las zapatillas juntas, y solo meciendo la cintura.  Se empleó bien la res en el caballo de picar, romaneó y se rompió en el peto.  Probó la bravura de ‘Digno’ en un quite por chicuelinas que remató con cuatro brionesas.

Brionesa de Talavante al primero de la tarde. (FOTO: Gallardo)

Era toro para soñar con una tarde triunfal, y así lo cantó la res en el capote de Santi Acevedo, que le llevó siempre muy largo y en línea recta.

Inició Talavante su primera faena de muleta a pies juntos. Sin enmendarse en los ayudados por alto que administró. Tras el aperitivo, llegó el plato fuerte. En el centro del ruedo, con la muleta en la zurda, comenzó a dibujar naturales de suavidad extrema. Tanta que incluso hubo un desarme. Sin inmutarse, retomó tras los puntos suspensivos la lección de toreo al natural  y continuó bordando con la zurda.

Por el lado derecho dejó una serie de mucha exigencia, en la que el toro colaboró desde el recorrido y la boyantía que tenía en su genética brava.  Mató de entera en buen sitio, e incomprensiblemente solo fue premiado con una oreja. Aplausos a la res en el arrastre.

Si esa faena no hubiese sido la primera de la tarde estoy seguro que el premio habría sido mayor. Pero Manuel Lucia temió poner el  listón alto y prefirió pecar de cicatero. No importa, una oreja más o menos no va a restar un ápice a la creación de un torero que descubría a las primeras de cambio sus cartas: Venía a reventar la plaza. Y lo consiguió.

Opresor.-

Ese era el patronímico del astado que Carlos Muñoz (Ganadería de Cayetano Muñoz) envió desde Dehesa Casablanca con el pelo característico de su sangre ‘guateleña’. Salió con motor causando un estropicio en las tablas y sembrando de pánico el callejón. El incidente restó atención a las verónicas salpimentadas de chicuelinas con las que Alejandro le sacó ‘del lugar de los hechos’ para dejarlo en la boca de riego.

Variedad en los cites de Alejandro. (FOTO:Gallardo)

Hizo el toro algún amago de estar descoordinado, salió suelto y se topó con el picador que guardaba la puerta. Expectación en el tendido por ver cómo se comportaría en la muleta. Dio comienzo el pacense a la faena con ayudados por alto, a fin de oxigenar al astado, que remató con un pase del desdén.  Sin prisas, dejó al toro en los medios, y comenzó a torear en redondo, primero a media altura, para aliviar la escasez de fuerzas. De lo que no estaba escaso era de clase y ello posibilitó que Talavante lograse una gran tanda por ese pitón.

El pase de las flores fue el recurso con el que inició la tanda de naturales. Uno a uno, encadenados, fueron surgiendo y el astado, con fijeza y recorrido, persiguió los vuelos de la franela del pacense.  El recuerdo a Manolete fue el epílogo a la buena faena que había enjaretado, y de propina dejó un natural de enorme trazo. Volvió a matar de entera, y de nuevo hubo freno en la mano del Presidente, que solo concedió una oreja, con la consiguiente bronca del respetable. Cuando ‘Opresor’ abandonaba el ruedo las palmas le despidieron.

Comino.-

El colorado ojo de perdiz que desde Garcigrande embarcaron para Zafra tenía menos presencia que los dos anteriores. Sin embargo estaba sobrado de calidad. Tanta que permitió a su lidiador emborrachar al público a base de mezclar los mejores caldos de la Ribera del Guadiana con chupitos de tequila. Toda esa tauromaquia de la que Alejandro se empapó el pasado invierno a los pies del Popocatépetl. Intercaló el toreo eterno del natural suspendido por las yemas de sus dedos junto con las arrucinas con las que citaba sacando el pico de la muleta por su espalda, unido a los  cambios de mano tapatíos… Provocando el delirio de los tendidos.

Los naturales, lentos y cadencioso, se sucedían interminables y eternos. Sirviendo de perfecto marco en el que entroncar recursos tan vistosos como la granadina con las que inventarió tan magistral faena. De las más vistosas y variadas que se han visto en los últimos años en los ruedos españoles.

 

¡Viva México! (FOTO: Gallardo)

Mató a recibir, y aunque la ejecución no fue tan perfecta como las dos anteriores, ya que la espada quedó tendida, las dos orejas fueron a parar a manos de un artista, que con su  privilegiada cabeza y sus muñecas había sido capaz de crear tal caudal de arte desde lo efímero. Al colaborador necesario, el bravo y noble toro de Garcigrande, se le homenajeó con una fuerte ovación al arrastre.

Mocito.-

Salió ‘Mocito’, de Daniel Ruiz, y en seguida se vio que el ejemplar albaceteño no iba a dar juego. Alto. De hechuras poco acordes para regalar embestidas de calidad. Fue bruto de salida en los lances de recibo, y bruto se fue al desolladero. A pesar de ello, Talavante le presentó batalla y consiguió meterle en el canasto a base de poderle mucho en las tandas iniciales por el derecho. Una vez ‘dulcificada’ la embestida de la res, tomó la muleta con su mano mágica y la varita de su franela obró el milagro de que se desplazase con recorrido.  Faena muy maciza, que demuestra el estado de madurez de un torero al que la cabeza le funciona de maravilla. Epilogó por ayudados y pinchó en el primer intento. Si había un toro al que pinchar, era éste. Luego dejó media atravesada y acertó a la primera con el de cruceta. Fuerte ovación justo después de los pitos al arrastre.

Ovillo.-

Se abrió la puerta de chiqueros para que apareciese el quinto y las palmas recibieron al ejemplar de Zalduendo. Buen síntoma. Alejandro lo paró por cordobinas. Tras dos grandes pares de Zamorano, llama a los seis ganaderos y les brindó la faena. Que inició por estatuarios rematados con el del desprecio.

A ‘Ovillo’, que tenía una franca y noble embestida, lo acarició con una primera tanda de naturales, para más tarde someterle por idéntico palo. Dio tiempos al toro. Andándole por la cara. Encajado de riñones continuó toreando ahora por el derecho, en redondo, que remató con un afarolado.

Los siguientes derechazos tuvieron el mismo diapasón que los iniciales naturales. Despaciosos y suaves. Con el objetivo de que el animal no se afligiese ante tanto mando, y así durase más en el vuelo de su muleta.

Cerró su creación por ayudados por bajo, y dejó enterrada media espada de forma perpendicular que precisó de un certero golpe de verduguillo. Una nueva oreja. Y otro toro aplaudido en el arrastre.

Capetillina de Talavante. (FOTO:Gallardo)

Humoso.-

Solo restaba un antagonista, y la sensación en el ambiente era de cierta melancolía porque se acercaba el final. Acapachado de cuerna hacía su aparición en el ruedo ‘Humoso’, de Núñez del Cuvillo. No permitió que Talavante pudiese estirarse con el capote, y en banderillas avisó de que por el derecho iba apretar.

Lo brindó al público, y al segundo derechazo se venció hacia adentro poniendo en apuros al torero. Una nueva colada y la sensación en el ambiente de que no iba a valer. Era cuestión de probarlo por el otro pitón para desengañarlo. Y al natural, aguantándole mucho, termina por amoldar la embestida con firmeza y quedándose siempre colocado para ligar.

Sonaba ‘Manolete’ cuando volvió a la mano diestra. Y, hete ahí, que se obró ‘el milagro’ de que no volviese a colarse, a base de poderle y exigirle llevándole muy toreado formó un lío que puso a la plaza en pie. Aun volvería a dar otra tanda por el izquierdo, en la que le bajó la mano todo cuanto pudo instrumentando una serie de trazo perfecto. Mató  de entera y golpe de cruceta y las dos orejas del Cuvillo fueron paseadas entre aclamaciones de torero, torero, torero…

La propina más alta.-

Era la antesala de la borrachera de toreo caro que viviríamos minutos después cuando Alejandro Talavante ordenó que saliese, de regalo, el sobrero, con el hierro de Zalduendo.

Narrar lo que aconteció en la plaza es de suma dificultad, porque cuando hay tantas emociones es casi imposible encontrar las palabras exactas para reflejarlas. Desde el farol de rodillas con el que lo recibió, antesala de los mejores lances a la verónica de toda la corrida, hasta el quite por saltilleras abrochado con la larga cordobesa, pasando por los soberbios pares de banderilla que colocó, destacando el tercero al quiebro, fue todo una sucesión de vivencias complicadas de poder ser plasmadas negro sobre blanco.

Como es complejo poner en pie el inicio de faena, en el centro de la plaza con la muleta plegada en la izquierda, evocando el recuerdo de Pepe Luis. Seguir hablándoles de la limpieza  y cadencia de los naturales de Talavante es, en cierto modo, abusivo por lo sublime de cada pase. O del toreo pétreo de su derecha, descomunal a la hora de enganchar a la res y dejarla que se rebose en el final de cada muletazo.

Nuevamente el espíritu de aquellos mexicas que dieron nombre a una nación voló hasta Extremadura, para ser ahora ellos los que conquistaran la plaza de Zafra a través de la frescura y vistosidad de una tauromaquia que los ha adoptado como apelativo.

Una única palabra: ¡magistral! (FOTO:Gallardo)

Talavante tiró los trastos a los pies del Zalduendo, en un gesto de rotura completa de su alma; y el animal entregado, y vencido en su bravura, se rajó. Ya se oían las habituales voces pro indulto y el comportamiento de la res yéndose a tablas evitó males mayores. Encontró Alejandro muerte en una estocada trasera que precisó del descabello. Y la plaza explotó de locura…Dos y rabo, y fuerte ovación al colaborador sobrero.

Consummatum est. El triunfo de un artista.


AL QUITE

Antonio Girol.-

Gracias.

Talavante triunfal. Ayer y hoy. (FOTO: Gallardo)

La Peña Taurina Joselito El Gallo, de Granada, tiene su sede en el Restaurante El Burlaero de la capital granadina, sito en la calle Seminario. Hasta allí encaminé mis pasos una tarde noche de noviembre de 2006. Me habían invitado para analizar la extinta temporada. Entre las notas positivas que llevaba apuntada en una ficha, el nombre de un paisano que en Madrid había rescatado el toreo al natural.

Y ocurrió lo que no esperaba. Nombré a Talavante y expuse que para mí era la nueva sensación del toreo por la frescura que traía en sus muñecas y la cabeza tan despejada que poseía. Y de repente un individuo, que no llegó a presentarse por su nombre, se levantó y me ‘disparó’ a bocajarro una andanada en la que ponía en duda, no ya mi afición, sino mis conocimientos taurinos. Tal como lo leen.

Para aquel sujeto, que saltó como un resorte, el joven torero pacense no era más que un bluf, una mala copia, además de  un pinchaúvas y no sé cuántas cosas más…

No me amilanó, y sin levantar la voz le contesté: “Ojalá Dios nos de salud a usted, a mí, pero sobretodo a Talavante, para que compruebe el error en el que vive sumido.” No debió gustarle mi respuesta y se marchó aireado del salón. Supongo que mis familiares más directos habrían acudido a su boca, cuando mascullando ese idioma indescifrable de los contrariados se alejaba en dirección a la puerta.

No hay tarde en que vea a Alejandro triunfar en que no recuerde a aquel tipo, con su chaqueta azul marino, el pelo engominado, y el rictus de desprecio de su mirada. Y, una sonrisa, maliciosa, suele acudir al rescate en mi memoria, a la vez que me hago siempre la misma pregunta: “¿Qué mal lo estará pasando aquella criatura?” Y qué bien me lo sigo pasando yo viendo torear a un chaval que cada día que pasa depura aún más su personalidad torera, en el que, afortunadamente, no se ve el techo de su excelsa tauromaquia.

En 2009, tras un zambombazo fuerte en la Monumental de Frascuelo, me acerqué hasta Alejandro, cuando se refrescaba tras cortar dos orejas, y en el oído le dije: “Gracias Alejandro por hacer que cada vez que te veo me sienta más orgulloso de ser extremeño en esta tierra extraña”. El abrazo que me dio tras escuchar mis palabras, lo llevaré siempre en mi interior. Hoy, de nuevo le digo, Gracias Alejandro por hacer que me sienta orgulloso de defenderte a capa y espada. Entonces y ahora.

GALERÍA GRÁFICA de GALLARDO

Talavante ajustándose el capote de paseo.

Saludo preceptivo, en solitario.

Talavante.

Talavante.

Talavante.

Talavante.

Talavante. Talavante.
Talavante. Talavante.

Talavante.

Talavante. Talavante. Talavante.
Talavante. Talavante. Talavante.
Talavante. Talavante. Talavante.
Talavante. Talavante. Talavante.

Talavante.

Talavante.

Talavante.

Talavante.

Talavante.

Talavante.

Talavante.

Triunfador.


GALERÍA DE CUADRILLAS. FOTOS: GALLARDO.

Los hombres de Talavante. El picador santeño Antonio Lavado. Dejándose ver.
Romaneando.

Papelillos extremeños en una tarde de claro acento.

Santi Acevedo, con bordado mexicano.
Ni la sombra de lo que fue en su tiempo...

OTRAS IMÁGENES. FOTOS: GALLARDO.

Juani, mayoral de Cayetano Muñoz. El Juli, devolvió visita a su amigo Talavante. El ganadero Antonio Muñoz pendiente de su toro.
Castilla la Mancha Tv y Canal Sur Tv presentes en el festejo.

Extremadura Tv, ¡diferente!

Como en la encerrona de Perera, el Presidente Monago acudió a la cita.

¡Qué peligro!

Belleza imperecedera. ¡Vaya tipazos!

Opresor, representante del campo bravo pacense.

Como Manolete en la canción de Sabina...

Los mejores aficionados de La Puebla con su torero.

Uno de los pocos brindis que regaló Talavante.

Con la cámara a cuestas.

Un gallo más para la granja de 'Los Arrifes'

Nandi Masedo, Director Gerente del Patronato de Tauromaquia.

Brindis a los criadores.

La abuela de Talavante no quiere verlo, su abuelo no pierde detalle.

La veta de sangre extremeña que corre por sus venas se aprecia en la belleza de Sonia Gil.

Asomado al quicio...

Alberto con su torero.

Carlos Montaño, elegantemente vestido como corresponde.

El arenero que pisaba más que alisaba...

Talavante, diferente a todos.

Susi y su hija Jana, que será tan buena aficionada como su padre.