Se anuncia como Tomás Campos, torea despacio, y es de Llerena

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Tomás Campos en Valdemorillo. (FOTO: Pablo García-mundotoro.com)
Tomás Campos en Valdemorillo. (FOTO: Pablo García-mundotoro.com)

«…extraña ver en estas calendas a un chaval que quiere ser torero llevar en su esportón un capotillo y una muletita de esas dimensiones, sobre todo en estos tiempos donde priman las mantas zamoranas tanto en el escalafón mayor como en el menor»

Javi Villaverde.-

En el fondo muchos de los aficionados –entre los que me incluyo– que acudimos el pasado viernes a la novillada de Valdemorillo íbamos buscando que Tomás Campos nos contase cómo y porqué llegó el año pasado a Arnedo descalzo y se fue con zapatos de oro.

Deteniéndome lo justo en analizar la faena a su primer novillo, con el que aun queriendo agradar y hacer las cosas bien no llegó a acoplarse del todo, y después de un mal rato con los aceros que le llevaron al amargo sabor de escuchar los tres avisos, me pongo a escribir acerca del toreo que mostró en su segundo y por ende del torero que se nos reveló con él.

Hay que comenzar resaltando que extraña ver en estas calendas a un chaval que quiere ser torero llevar en su esportón un capotillo y una muletita de esas dimensiones, sobre todo en estos tiempos donde priman las mantas zamoranas tanto en el escalafón mayor como en el menor.

En ese novillo que hizo cuarto, Tomás se puso a torear para él, y gracias a esa virtud pudo contar a la concurrencia el porqué de ser quien es en el pedestal arnedano. Muy torero y muy templado, por momentos ejecutó en ese toro algún lance de cante grande sin apenas sacar los brazos.

En los comienzos de faena trajo aires sevillanos con esos ayudados por alto en los que pudimos disfrutar de esa imperfección que algunas veces da que el cornúpeta le tropiece los trastos al torero más allá de esas perfectas coreografías técnicas.

Se puso a torear el chaval entre tanto por el pitón izquierdo y cada vez que le dejaba puesta la muleta muerta y esperaba a que el novillo viniera fue capaz de llevarlo hasta donde él quiso y además con temple, cadencia y sutileza en algunos de sus toques.


«…pudimos disfrutar de esa imperfección que algunas veces da que el cornúpeta le tropiece los trastos al torero más allá de esas perfectas coreografías técnicas…»


Después de un absurdo atragantón en el que el burel le hizo hilo y le pudo herir, el chico comenzó a creer en el milagro. Volvió a parar y a templar mientras clavaba el mentón en el pecho. Cabe decir que siempre con la muleta cogida por donde debe cogerse y no por el cáncamo como hacen otros. Lejos de ese ‘bonito codilleo’ que puede dar la inspiración.

Esta vez después de una inusual forma de prepararse con la espada donde lleva el brazo de la misma un instante por detrás de la cabeza, con el peligro que conlleva, dejo una estocada entera que le valió una oreja.

El milagro se había logrado tras lo sucedido en el primero con los aceros. Fue capaz de ponernos a todos de acuerdo de nuevo. Lleva un buen torero en el corazón y en el alma este chico que en los carteles se anuncia como Tomás Campos, torea despacio, y es de Llerena.


* Javi Villaverde, aficionado madrileño que ha colaborado de forma habitual en el programa A Cuerpo Limpio de Radio Morata, además de en La Divisa o Gente Torera, entre otros medios radiofónicos. Durante un tiempo dirigió el blog Los Lances del Toreo.