CABEZA LA VACA - Novillada con picadores

Distintas varas de medir

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Siete orejas se han cortado en la novillada celebrada en la plaza de toros de Cabeza la Vaca, de cuyo ruedo han salido en hombros Miguel Ángel Silva, Ginés Marín y David de Miranda tras lidiar un encierro de Los Azores.

LA FICHA

NOVILLOS: Se han lidiado novillos de Los Azores,correctos de presentación, nobles en conjunto y de juego desigual.

ESPADAS:
– Miguel Ángel Silva (grana y oro), oreja y dos orejas
Ginés Marín (salmón y oro ), oreja y oreja

– David de Miranda (espuma de mar y azabache), ovación con saludos y dos orejas.

INCIDENCIAS:Tarde calurosa. Algo más de media entrada. Miguel Ángel Silva tuvo que ser asistido de un latigazo cervical.

Los tres novilleros saliendo a hombros del coso de Cabeza la Vaca (FOTO: Gallardo)

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Queremos dar a conocer a nuestros lectores que este portal no estaba acreditado por la Junta de Extremadura  para cubrir este festejo. En esta ocasión ni siquiera el reportero gráfico. Los motivos considerados por el director general Saturnino Corchero en su escrito denegatorio obedecían a que otros medios de mayor difusión y especialización que BADAJOZ TAURINA eran más merecedores de informar del evento. Entendiendo que estaba presente CANAL EXTREMADURA podría ser comprensible si no fuese porque tanto el pasado año como en la temporada 2011 también se retransmitió por televisión el festejo desde este mismo ruedo y ello no fue impedimento para que nos acreditase la citada Dirección General. De hecho desde esas fechas y hasta hoy el callejón de la plaza de toros de Cabeza la Vaca no ha menguado. Afortunadamente para nuestros lectores, la empresa TAURINA DE BUENDIA tuvo a bien facilitarnos la labor a la hora de poder realizar nuestro trabajo; por lo que desde aquí queremos agradecérles su atención y desvelo. Dicho esto, pasemos a contar lo ocurrido en el ruedo que es lo realmente importante y no decisiones del todo incomprensibles.

Antonio Girol.-

Aún me estoy preguntando qué no vieron desde el palco presidencial de la faena de Ginés Marín al segundo de su lote para que no fuese premiada con dos orejas y sí en cambio las de Miguel Ángel Silva y David de Miranda tras despachar al cuarto y sexto, respectivamente. Tal vez tan arbitraria decisión pudiese obedecer a que la espada se le fue a lo que en su día se le dio en llamar ‘rincón de Ordóñez’. De ser así me resultaría aún más agraviante porque el triguereño pinchó al último del  festejo y sin embargo los dos pañuelos asomaron en la meseta. Insisto que por más que intento razonar la decisión no logro comprenderla, y aún menos entenderla.

Permítanme que comience la crónica por el quinto. El único feo de la bonita novillada que Rafael Azor mandase desde su finca sevillana. Ya por la mañana, en el desenjaule, dio señales de que andaba raro. Defecto que se hizo realidad por la tarde. Además le dieron un puyazo muy fuerte lo que vino a sumar un nuevo problema a la más que probable descoordinación que padecía el animal. La tuviese o no, sí es cierto que el astado era una papeleta que había que saber jugar. Y si hay un jugador solvente en el escalafón novilleril por su inteligencia natural ese es Ginés Marín.

Lo brindó al público. El cual, por desgracia, evidenció durante la faena una tremenda ceguera y sordera, ya que ni vio ni se enteró de la faena que se inventó el joven novillero. En la primera serie de derechazos el astado terminó cada embestida perdiendo las manos. Imposibilitando con ello cualquier atisbo de lucimiento. En lugar de aburrirse o tirar por la calle del medio, el oliventino no desistió. Todo lo contrario. Se echó la muleta a la mano izquierda y a base de colocación, distancia y medida fue desgranando naturales de seda que incomprensiblemente no calaron en el tendido. Tal vez su pecado, si es que se le puede llamar así, fue que hizo fácil lo que era tan difícil. Y pocos, muy pocos, se dieron cuenta de la suavidad con la que pulsó las teclas de su antagonista hasta extraer la sinfonía deseada. En vista del escaso eco optó por finalizar con una ración de medicina para miopes. Lo que viene siendo acortar distancias. En este caso con la dosis doble de las rodillas en tierra.  Epilogó por ajustadas bernadinas. Luego vendría la estocada antes comentada y el sindiós de la no concesión de la segunda oreja. A todas luces merecida por la lección de inteligencia taurina que había demostrado a la hora de sacar faena a un animal mermado físicamente que en manos de muchos matadores de alternativa avezados no hubiesen durado ni la mitad de lo que duró el castaño de Los Azores en las de Ginés Marín.

Si de rodillas finalizó la faena a su segundo, de idéntica guisa comenzó la de su primero. En este caso en el saludo a la verónica y en el inicio del último tercio. Mejor por el izquierdo que por el derecho, por ese pitón administró los mejores pasajes de su actuación. La cual con la diestra no alcanzó altas cotas por la propensión del animal de descomponer las embestidas en cuanto punteaba la franela. Labor que abrochó con una serie de circulares invertidos. Mató de estocada caída y fue premiado con una oreja.

Idéntico premio cosechó Miguel Ángel Silva de su primero. Al que recibió a porta gayola con una larga cambiada que le acarrearía un problema que arrastró durante toda la tarde al sufrir una contractura cervical de la que tuvo que ser atendido por el equipo médico tras despachar a su antagonista. Precioso fue el inicio del último tercio con una serie de ayudados por alto que remató gustándose al salir de la cara del novillo. Torea Silva cada vez más templado y eso se traduce en series como las que instrumentó en redondo, de buen gusto y mucho empaque. Lástima que el astado no le hubiese durado más porque habríamos disfrutado del excelso momento que atraviese el de Zafra. Por el pitón izquierdo no pudo más que justificarse al intentarlo. Al volver a la diestra el novillo ya no le quedaba motor y tuvo que optar por un arrimón de rodilla seguido de un epílogo por benardinas. Mató de estoca caída.

De la ausencia de toreo al natural a su primero se desquitó en el cuarto, al que con la cintura relajada y encajado de riñones ligó series de naturales a un novillo que exigía llevarle siempre muy cosido a la muleta y hacerle todo con suavidad. Así lo hizo el segedano si bien es verdad que no de forma continua. Sin embargo en los pasajes en que lo logró resultaron de mucha valía. Como excelsos resultaron los naturales a pies juntos con los que epilogó la faena. Mató de estocada entera y le concedieron dos apéndices.

El triguereño David de Miranda sorteó el lote más soso y desrazado del encierro. Animales de mucha nobleza, como todo el encierro de Los Azores, pero que no resultan los mejores partenaires para el toreo de corazón apretado que interpreta el onubense. Su primero evidenció su mansedumbre en banderillas, yéndose a chiqueros tras el primer par. Lo había recibido con un ramillete de verónicas muy cadenciosas. Ajustadas y de poner el ¡uy! en la boca resultaron las saltilleras que interpretó en el quite, dejándose llegar a la res muy cerca antes de sacar los brazos.

No había terminado de dar los ayudados por alto con los que comenzó el último tercio cuando el novillo miró de nuevo a las tablas y en cuanto vio luz se marchó hasta esa jurisdicción. Con un tironcito intentó sacarlo de nuevo a los medios pero por más voluntad que puso el joven espada, el animal continuó buscando el abrigo de la querencia y allí tuvo que enjaretarle los pocos pases que tenía a base de mucha disposición y ganas. Mató mal. Fue ovacionado siendo obligado a saludar desde el tercio.

El burraco que hacía sexto fue picado extraordinariamente por Carbonell. Ganándose de paso la ovación del respetable cuando se marchaba del ruedo. A pesar de la medida en el peto el novillo no terminó de romper hacia adelante obligando al onubense a tener que tocarle reiteradamente a fin de que quisiese seguir los vuelos de la muleta que le ofrecía. Esa falta de motor provocaba que el novillero no pudiese jugar la carta de la transmisión con los tendidos más allá de la tremenda voluntad y ganas que ponía en buscarle las vueltas por uno y otro pitón. Pinchó en el primer intento para luego dejar una estocada entera. El mucho público que trajo de Trigueros le pidió con fuerza las orejas que el presidente, generosamente, concedió para que de ese modo no se marchase a pie de la plaza sino a hombros como sus compañeros.


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Paseíllo

Miguel Ángel Silva

Miguel Ángel Silva

Miguel Ángel Silva

Miguel Ángel Silva

Miguel Ángel Silva

Miguel Ángel Silva Ginés Marín Ginés Marín
Ginés Marín Ginés Marín

Ginés Marín

Ginés Marín David de Miranda David de Miranda
David de Miranda David de Miranda Miguel Ángel Silva
Miguel Ángel Silva Miguel Ángel Silva Miguel Ángel Silva
Ginés Marín Ginés Marín Ginés Marín
David de Miranda David de Miranda David de Miranda
David de Miranda David de Miranda David de Miranda
Los tres a hombros

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