CABEZA LA VACA - Festival taurino

De la nada, nada sale

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Los toreros antes del paseíllo
Los toreros antes del paseíllo

Una única oreja se cortó en el festival taurino con picadores celebrado en Cabeza la Vaca, la paseó José Antonio Monesterio, alumno de la escuela taurina de Badajoz. Ni Pepe Luis Vázquez ni Pablo Aguado ni Manolo Vázquez tuvieron opción alguna con un descastado encierro de Villamarta


CABEZA LA VACA – Festival taurino con picadores

NOVILLOS: Se han lidiado cuatro utreros y dos erales de Villamarta, bien presentados, desrazados en conjunto. El 1º de los utreros noble, aplaudido al arrastre. El resto, silenciados.

ESPADAS:
Pepe Luis Vázquez, ovación con saludos y pitos.
Pablo Aguado, ovación con saludos y ovación con saludos.
José Antonio Monesterio, oreja.
Manolo Vázquez, ovación.

INCIDENCIAS: Dos tercios de entrada. Tarde de temperatura agradable que deparó en frío al final del festejo.


Antonio Girol.-

Qué razón tenían los filósofos clásicos cuando afirmaban que «de la nada, nada sale». Sin ir más lejos, hoy lo hemos constatado en Cabeza la Vaca. Y es que cuando los novillos, sean utreros o erales, no tienen nada en su interior, y me refiero a raza, nada puede salir de las muñecas de los toreros. Ese es el mejor resumen que se puede hacer de un festejo que no deja nada para el recuerdo. Festival del que resulta difícil escribir una crónica porque, volviendo al tema de la nada, poco, o mejor dicho nada, se puede contar.

A Pepe Luis Vázquez solo se le pudo ver algo en el primero. Un utrero muy noble que permitió al veterano diestro mostrar parte de su repertorio de suaves maneras a la hora de torear de muleta. Toreo genuino en el que con la franela a media altura no molestó en ningún momento al astado y dejó unos cuantos naturales de bella expresión unidos a la gracia sevillana de los remates saliendo andando de las series. Tauromaquia, por otro lado, tan en desuso hoy día que cuesta que cale en los tendidos más habituados a otro tipo de toreo. Mató mal y eso enfrió al público que, cariñoso, le tributó una ovación que saludó desde el tercio.

Cariño que se agrió en el tercero. Primero por los dos puyazos que recibió el novillo. Lo que motivó las protestas del respetable que no cejaron tras ver cómo Pepe Luis inició el último tercio con ánimo de abreviar y se fue rápidamente por la espada de la que hizo mal uso con el consiguiente aumento de decibelios hasta acabar en bronca.

Por hechuras, el segundo de la tarde fue el más bonito del encierro. Además, metió bien la cara en el capote de Pablo Aguado, que pudo estirarse a la verónica. Me hubiese gustado ver a este novillo sin la merma que sufrió en el encuentro con el caballo de picar de donde salió con evidencias de haberse lesionado. Lo que provocó que se metiera por dentro y encima se quedase corto. Aguado lo pulseó cuanto pudo en una faena sin la transmisión que provoca la ligazón, pero que el público supo entender y que le recompensó con una sonora ovación que saludó.

Su segundo, el más fuerte del encierro, tuvo eso que llaman peligro sordo. Y que se traduce en que el torero se siente siempre medido por el astado sin que ese peligro llegue a los tendidos. El diestro sevillano hizo un gran esfuerzo por intentar agradar al respetable a pesar de tener que tragar con las miradas de su antagonista, sobre todo por el lado izquierdo, por donde siempre estuvo más pendiente de Aguado que del engaño. De nuevo fue ovacionado al finiquitar al de Villamarta.

La única oreja del festejo la cortó José Antonio Monesterio de un eral mansurrón que le hizo sudar mientras lo perseguía por toda la plaza intentando que se quedase fijo en la muleta. Lo logró en algunos pasajes, sobre todo en una tanda en los medios con la mano izquierda. Al final, el animal terminó en la puerta de chiqueros como era su condición de manso y allí tuvo que terminar la faena el joven alumno de la escuela taurina de Badajoz en su deseo por agradar al público.

Hasta hoy, Manolo Vázquez solo había toreado tres erales. Uno, en septiembre, el día de su presentación en público en Higuera de la Sierra, y dos en Cazalla, la pasada primavera. Desconozco el juego que tuvieron aquellos, pero sí puedo decir que el que ha hecho cuarto en su incipiente carrera es de los más complicados que puede tener enfrente un torero. Y, aun así, el jovencísimo novillero resolvió muy bien la papeleta. Estuvo muy firme y a la vez con gusto. No se le apreciaron dudas en ningún momento y lo mejor de todo es que supo resolver delante de la cara del cornúpeta. Además, tiene algo que es innato: sabe entrar y salir de la cara del toro con lo que eso supone de dominar los tiempos. Lástima que actuase al final del festejo cuando ya el público estaba totalmente frío y le resultase materialmente imposible levantar la tarde. A pesar de ello dejó ese regusto de torero bueno al que apetece seguir para ver su evolución.


GALERÍA DE IMÁGENES. FOTOS: GALLARDO

OTRAS IMÁGENES. FOTOS: GALLARDO