OLIVENZA - 3ª de abono

Se cumplió el vaticinio

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La terna a hombros
La terna a hombros

Si en un cartel con toros de Garcigrande juntas a Enrique Ponce y El Juli lo normal es que ambos salgan a hombros porque uno con su magisterio y el otro con su poder se dan trazas para cortar las orejas. Si a eso le sumas la raza de Diego Ventura a caballo lo raro hubiese sido que no saliesen los tres a hombros en una feria tan dada a los premios como la de Olivenza


OLIVENZA – Corrida de toros mixta

TOROS: Se han lidiado toros de Cortés de Moura para caballo, bien presentados, pero desrazados en su juego. Y, de Garcigrande y Domingo Hernández (5º), de presentación justa y juego muy desigual, para lidia a pie.

TOREROS
Diego Ventura (rejoneador), ovación con saludos y dos orejas.
Enrique Ponce (de tabaco y oro), dos orejas y silencio.
Julián López ‘El Juli’ (de ciruela y oro), dos orejas y palmas.

INCIDENCIAS: Lleno en los tendidos. Tarde de temperatura agradable y muy soleada.


Antonio Girol.-

       Si había una corrida que sobre el papel era garantía de triunfo, esa era la del sábado por la tarde. Y no ha fallado. Y lo era, por la sencilla razón de que tienen que ser los toros muy a contra estilo para que Enrique Ponce y El Juli no le saquen partido. No digamos ya Diego Ventura que por más desrazado que sea su lote siempre acaba dándoles fiesta a lomos de su extraordinaria cuadra.

       Hasta esta fecha de hoy, si mi memoria no me falla, Diego Ventura nunca había hecho el paseíllo en Olivenza. Mañana se lo preguntaré a Mauricio Rodríguez del Rincón que es la auténtica enciclopedia viviente de esta plaza para que me saque de dudas. Para la ocasión eligió toros de María Guiomar Cortés de Moura, muy de su gusto. Aunque imagino que los preferirá con más raza que los dos que hoy le han tocado en suerte y que a punto han estado por aguarle el estreno.

       Al primero lo paró en círculos con Lambrusco y solo le clavó un rejón de castigo. El de Guiomar tenía un tranco ideal para el temple que Ventura imprimió con Guadalquivir en banderillas. Pero el rejoneador buscaba más lío y lo encontró precisamente con un caballo con este nombre: Lío. Con el que quebró en los medios provocando las ovaciones. Emocionante resultó la tercera banderilla citando muy en corto y batiendo en la misma cara del astado. Al que le faltó chispa para provocar el encendido de la mecha en los tendidos.

       Por eso, en su segundo tuvo que salir arreando al ver que sus compañeros tenían asegurada la puerta grande. Para lograrlo nada es mejor que confiar en tu caballo estrella: Nazarí, con el que colocó una banderilla por dentro de mucho riesgo. Lástima que al igual que su hermano, el murubeño también estuviese tan al límite de raza. Acortó metraje a lomos de Fino con el que citó muy en corto. Y cómo seguía faltando esa conexión tan necesaria con los tendidos por culpa del poco celo del animal sacó a Dólar para poner banderillas a dos manos sin cabezada. En esta ocasión más efectistas que efectivas, pero de un mérito impresionante por lo que le exige a su cabalgadura. Remató con Remate y las cortas y mató de rejón certero. Lo que le valió para cortar las dos orejas que tanto ansiaba.

       De los de lidia a pie, el primero se coló varias veces por el izquierdo en el capote y en banderillas. Pero en esto llegó Enrique Ponce, brindó, y comenzó a ganarle pasos hasta los medios y el defecto quedó corregido en la primera tanda. Y de esa manera, tan aparentemente sencilla, el de Chiva encandiló una tarde más al público ligando tanda tras tanda con la diestra. ¿Que no se los pasa cerca? Cierto. Pero a Ponce le vale y el público, que es soberano, se lo consiente y se lo canta al grito de torero, torero cuando tras el epílogo por poncinas atronó al de Garcigrande.

       El único con la divisa de Domingo Hernández se corrió en quinto lugar. Por tanto le correspondió en sorteo al valenciano. Un toro que pecó de falta de raza, pero eso no supuso problema para que Ponce, tanda tras tanda, consiguiese embarcarlo a base de tesón al provocarle las embestidas con la voz y toques fuertes. De esa manera compuso una faena con la que demostró que no hay toro que no le valga para su magisterio.

       Si Ponce es seda, Julián López ‘El Juli’ es látigo. Quitó Julián al segundo de lidia a pie, tercero de la corrida, con un variado de chicuelinas con cordobinas. A pies juntos por alto inició la faena de muleta. Como conoce tan bien a esta ganadería sabe perfectamente cuando apretar el acelerador para someter por abajo y cuando aliviar al toro dando tiempos o acariciando al natural como una vez más puso en práctica. De un desarme hizo virtud toreando de rodillas para volver a armar el taco. Para terminar en cercanías exprimiendo por completo al de Garcigrande y poniendo al público en pie.

      El sexto más que embestir se podría decir que se movía. Así lo evidenció en los primeros tercios llevando siempre la cabeza a media altura. Pero tenía la virtud de que se desplazaba y Julián lo puso largo para aprovechar esa inercia. De esa manera, toreando a favor del animal, consiguió meterlo en el canasto hasta robarle unas cuantas tandas en lo poco que duró sin que buscase el abrigo de las tablas en donde se refugió al verse podido.


GALERÍA GRÁFICA. FOTOS: GALLARDO

OTRAS IMÁGENES. FOTOS: GALLARDO