MÉRIDA - 1ª de feria

Manzanares y un buen toro de Jandilla homenajean a Borja Domecq

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Manzanares y Borja Domecq

José María Manzanares se lleva el mejor lote de la noche e indulta a Palangrero en la corrida homenaje al ganadero Borja Domecq Solís. Además, corto dos orejas del sexto. El Juli paseó una y una en dos faenas de mucho tesón. Morante de la Puebla tocó pelo del sobrero que sustituyó al inválido primero y escucho una fuerte ovación tras despachar al cuarto.

MÉRIDA – Corrida de toros

TOROS: Se han lidiado toros de Jandilla, desiguales de presentación y juego. El 1º devuelto por inválido; el 3º, de nombre Palangrero, negro de pelo, herrado con el nº 48, de 440 kilos y nacido en octubre del 15, indultado.

TOREROS:
Morante de la Puebla (de azul pavo e hilo blanco), oreja y ovación con saludos.
Julián López ‘El Juli’ (de tabaco y oro), oreja y oreja.
José María Manzanares (de burdeos y azabache), dos orejas y rabo simbólicos y dos orejas.

INCIDENCIAS: Noche de temperatura agradable. Lleno con el aforo permitido. Daniel Duarte saludó tras poner banderillas al tercero. Se guardó un minuto de silencio en memoria de Borja Domecq Solís, ganadero de Jandilla, y se hizo entrega de una placa conmemorativa a su hijo.


Antonio Girol.-

        La afición respondió en la primera de la feria de Mérida. Acudió mucho público al coso del Cerro de San Albín. Un público que no siempre cumplió con las normas de tener la mascarilla en todo momento cubriendo narices y bocas, en lugar de barbillas y papadas. Un público, en el que algún olvidadizo encendió un cigarrillo y al que hubieron de recordarle sus compañeros de escaños que no se puede fumar. Un público al que por culpa de unos cuantos insensatos no se le puede demonizar ni hacerle pagar pecados generales. Porque la realidad es que hubo más gente que sí se comporto bien de los que no lo hicieron y que, de paso, disfrutaron de una noche taurina que comenzó con un emotivo minuto de silencio en memoria de Borja Domecq Solís, y, que aplaudió cuando la propiedad de la plaza entregó al hijo del recordado ganadero, hoy continuador de la labor de su padre, una placa en su recuerdo.

       Tras el acto protocolario salió al ruedo un inválido que perdió las manos nada más pisar la arena. Morante de la Puebla se quedó inédito en el recibo de capote, tanto con el titular como con el sobrero que lo sustituyó tras ser devuelto a los chiqueros tras una ardua y trabajosa labor de las cuadrillas y el boyero.

    A dos manos, con ayudados, dio comienzo a la faena de muleta en la que compuso la figura y templó las nobles embestidas del jandilla en series en redondo. Con las que se gustó, sobre todo en los remates. Por el izquierdo el toro tuvo menos recorrido, sin embargo el de La Puebla no cejó hasta lograr algún natural de bella compostura en una serie que abrochó con un molinete abelmontado que arrancó roncos oles. Cortó una oreja.

      En el cuarto sí pudo estirarse Morante con el capote para dejar un ramillete de verónicas hasta que perdió el capote y tuvo que tomar el olivo. Con una rodilla en tierra, por ayudados, inició la faena de muleta. El toro se apagó muy pronto. El sevillano lo intentó al natural en series en las que compuso la figura y dando el medio pecho desgranó tandas que abrochó con ayudados a dos manos.

Metió bien la cara el segundo de Jandilla en el capote de El Juli y el madrileño lo aprovechó para soltar las muñecas a la verónica. Brindó a Borja Domecq. En las primeras tandas el toro se desplazó con buen tranco aunque con un molesto cabeceo que Julián tuvo que corregir constantemente. Lo que restó vistosidad a la faena. A ese molesto hándicap unió el de la pérdida de las manos cuando el diestro le apretaba, por lo que tuvo que torearlo siempre con mucha medida. Conforme avanzó la labor de Julián, el animal se fue apagando por lo que tuvo que terminar en cercanías. Oreja a la disposición.

      A pies juntos, sin moverse un milímetro, tanteó por alto Juli la embestida del quinto. El de domecq se movía sin terminar de emplearse y el madrileño lo fue haciendo a base de pulsar mucho hasta lograr una buena serie al natural, amenizada por las alegres notas de Nerva. Acortó distancias y por medio de circulares metió al toro en el canasto y también al público que aplaudió con fuerza el final de faena. Paseó otra oreja.

EL LOTE PARA MANZANARES

      El tercero se movió +desde el inicio. Manzanares lo saludó a la verónica. Apretó en el peto del caballo que montaba Chocolate, que se agarró bien con el palo. Se arrancó con alegría en banderillas y Daniel Duarte dejó dos buenos pares que saludó. Continuó metiendo bien la cara el jandilla en la muleta de Manzanares, que lo toreó con relajación y gustándose. Tirando de él con los vuelos de la muleta. En especial por el pitón izquierdo con el que se expresó ligando al natural al astado que derrochó nobleza y bravura por ambos pitones. Cambió la espada y siguió al natural entre voces de proindulto que, tras la insistencia del público y torero, lograron su cometido. Y Palangrero, negro, nº 48, de 440 kilos, nacido en octubre del 15, volvió con vida a los corrales. Un toro que en otros tiempos se le hubiese otorgado el premio póstumo de vuelta al ruedo, pero que en esta nueva normalidad taurina de los últimos años se le concedió un indulto a todas luces excesivo.

      Berreó el sexto desde que salió por chiqueros y hasta que puso Manzanares epílogo a la faena en los medios. Por el izquierdo cogía bien el de Jandilla los vuelos de la muleta y por ahí Manzanares le dio distancia para aprovechar la inercia del animal y sacar un par de tandas de naturales que no terminaron de ser del todo limpias. Mejor resultaron las siguientes con la diestra en las que encontró la medida adecuada para ligar los muletazos en redondo. Mató en la suerte de recibir. Dos orejas

GALERÍA GRÁFICA – FOTOS: GALLARDO