II Conferencia Semana Taurina Pacense

Las plazas de toros como patrimonio artístico

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José L. Mosquera Müller durante su intervención. (FOTO: Pakopin)
José L. Mosquera Müller durante su intervención. (FOTO: Pakopin)

Muy divulgativa y entretenida ha resultado la segunda conferencia-coloquio de la Semana Taurina Pacense que ha contado con la participación de José Luis Mosquera Müller, quien ha dado un repaso al patrimonio taurino que supone la arquitectura de las plazas de toros.

Antonio Girol.-

Interesante y muy divulgativa ha resultado la segunda de las conferencias de la XXV Semana Taurina Pacense, que tuvo lugar anoche en el Club Taurino Extremeño, y que contó con la presencia de José Luis Mosquera Müller, al que presentó Juan Ángel Franco, crítico de HOY, como licenciado en Historia por la UNEX, especialista en arqueología, y que entre sus muchos trabajos había tenido el honor de catalogar la colección taurina del museo ‘Bienvenidista’ que en Aceuchal tuvo Mahizflor, que impartió una conferencia coloquio bajo el título de ‘Patrimonio Taurino: Arquitectura de las Plazas de Toros’.

Mosquera Müller dividió su intervención en dos partes, dedicando la primera de ellas a explicar la diferenciación entre arena y grada, como componentes indisolubles de la arquitectura taurina. Habiendo nacido el término arena de la tradición histórica proveniente de los romanos, cuando en tiempos de La República hacían ejercicios militares a la jineta, y que también tuvieron su continuación en las almuzaras árabes, de similar cometido. Y tomando la grada de los circos y teatros griegos y romano.

Tras esta explicación pasó a relatar la evolución que ha ido produciéndose a lo largo de los siglos en cuanto al estilo arquitectónico, y por ende, patrimónico de las distintas plazas. Evolución que arranca de aquellos cosos que se citan en la Edad Media en textos como las Cantigas de Alfonso X El Sabio y posteriormente pasarán a las Plazas Mayores, en cuyos inicios estarán unidas a ermitas, como ocurre en los casos extremeños de la de Ntra. Sra. de Belén de Puebla de Sancho Pérez o la de Ntra. Sra. de Carrión en Alburquerque, así como la de Ntra. Sra. de la Piedad en Almendralejo, que terminó siendo absorbida por el urbanismo.

Plaza Alta de Badajoz. (Foto Siguelashuellasdebadajoz)

De ese adosamiento a ermitas se pasará a otro modelo de plaza, que surgiría con posterioridad, insertas en fortalezas, usando para su ubicación sus plazas de armas, tales como las de Barcarrota o Fregenal de la Sierra. O aquellas otras que se insertaban en baluartes, como ocurriese con la antigua plaza de Badajoz, o la de Olivenza.

José Luis Mosquera se refirió también al uso taurino que durante siglos tuvieron las distintas Plazas Mayores, especialmente dedicadas a festejos de alanceo, por ser espaciosas y no revestir especial problema a la hora de las querencias. Estas plazas, que se cerraban por medio de talanqueras, y en las que la realeza tenía lugar privilegiado, fueron evolucionando a un modelo más de corte renacentista, en tiempos de Felipe II, pero en el que no existen las típicas fuentes italianas, debido principalmente a que a la hora de construirse se pensaba en este tipo de espectáculos, unidos a otros que se llevaban a efecto en ellas.

El siguiente salto evolutivo, en consonancia con la popularización de la fiesta, fue el de las plazas ochavadas, tales como la de La Carolina en Jaén o Almadén en Ciudad Real. Plazas construidas en lugares de colonización, en las que los lugares preferentes para la realeza pierden sitio con respecto a las casas vecinales que la cierran.

Continúo su exposición, que en todo momento estuvo apoyada en imágenes, con el paso a las plazas redondas, tal y como hoy día las conocemos, creadas para evitar esas querencias de las reses, que en las Plazas Mayores no eran un problema, pero que sí lo suponían en la lidia a pie, tal y como explicaban en sus tauromaquias Pepe Hillo o Paquiro.

Plaza de Toros de Fregenal de la Sierra. (Foto: ElPuyazo.es)

Es la época en que las plazas comienzan a nacer desprovistas de edificios que las circundan y a ser ellas mismas edificios arquitectónicos, con señas de identidad propia como arquerías y ejes definidos.

En definitiva, todo un recorrido por los distintos momentos históricos y la evolución de las plazas, desde aquellas plazas mayores que se adaptaban a los festejos en cuestión, hasta llegar a la plaza como arquitectura propia. Arquitectura, por cierto, que a decir de Mosquera Müller, es una de las mayores herencias que hemos dejado los españoles al mundo.