BALANCE de la jornada

Ferrera indulta en Olivenza. Talavante de vacío en Valencia

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Ferrera dando la vuelta al ruedo con los máximos trofeos simbólicos. (FOTO: Gallardo)
Ferrera dando la vuelta al ruedo con los máximos trofeos simbólicos. (FOTO: Gallardo)

Antonio Ferrera indulta a ‘Mosquetero’, toro de Garcigrande en Olivenza, en una tarde para el recuerdo. Mientras, en Valencia, Alejandro Talavante se marcha de vacío.
Redacción.-

El balance de las actuaciones de toreros pacenses que han realizado el paseíllo hoy, domingo 13 de marzo, ha sido el siguiente:

CORRIDA DE TOROS:

  • Valencia. Segunda de Fallas. Tres cuartos de plaza. Cinco toros de Jandilla, de diferentes hechuras y descastados en general. El cuarto tuvo noble y son. El sexto perteneció al hierro de Vegahermosa, soso y desclasado. Rivera Ordóñez ‘Paquirri’, silencio y oreja. El Fandi, silencio y oreja. Talavante, silencio y silencio.

Según crónica de los compañeros de burladero.com sobre la actuación de Alejandro Talavante esta tarde en Valencia: «Talavante sorteó en primer lugar un ejemplar de fea cara que pasaba más que embestía, y con el que esbozó lo más parecido a una faena. Con el que cerraba plaza, un astado sin fondo que también se apagó muy pronto, puso voluntad sin resultados, y acabó fallando estrepitosamente con los aceros».

  • Olivenza (Badajoz). Cuarta de Feria. Prácticamente lleno. Toros de Garcigrande, bien presentados y de juego desigual, destacó el 4º, de nombre Mosquetero, herrado con el 23 y de 495 kilos de peso, indultado. Antonio Ferrera, oreja y dos orejas y rabo simbólicos. Julián López El Juli, oreja y oreja. José María Manzanares, oreja y oreja. (MÁS INFORMACIÓN)

Según crónica de Antonio Girol sobre la actuación de Antonio Ferrera esta tarde en Olivenza: «Aún volaban por el encapotado cielo las últimas notas de Puerta Grande cuando la afición rompió a aplaudir a Antonio Ferrera, que lanceaba al viento a la espera de que saliese su primer antagonista. Era el merecido homenaje a un torero al que se echó en falta el pasado año. Y Ferrera, agradecido, saludó la ovación e invitó a El Juli y Manzanares a que le acompañasen desde el tercio, montera en mano.

Saltó al ruedo el primer ‘Garcigrande’ y Antonio le recibió con un ramillete de verónicas rematadas con una media pinturera. Quitó al toro por delantales, y acto seguido tomó los palos para colocar tres pares, siendo el más destacado el segundo por los adentros, dándole todas las ventajas a ‘Peludo’, que así se llamaba el astado.

Tras brindar al público, en un inicio muy templado de faena sacó al toro al centro del ruedo y comenzó las series de circulares. Muy técnicos y con la muleta a la altura que el animal requería para que no perdiese las manos. Ligó varias tandas en las que se vio a un torero relajado, pleno de temple, que acompañaba la embestida con el cuerpo y que remataba con pases de pecho de gran factura. Faena que se jaleaba desde los tendidos y que encontró su mayor cénit en las series de naturales, largos y cadenciosos, suaves y ligados. Mató de media algo tendida y fue premiado con una oreja.

Pero la locura se desataría en el cuarto. El toro de la corrida y de la feria. Un toro de armónicas hechuras, bonito de lámina y que fue lo que en el argot se conoce como un tejón. Un toro que engrandece a una divisa, la de Garcigrande, y que hace que ‘Mosquetero’, herrado con el 23 y de 495 kilos de peso, sea desde esta misma tarde historia viva, y nunca mejor dicho esto último, de la feria de Olivenza.

Lo había recibido Ferrera con una larga cambiada en el tercio, para continuar con enrabietadas verónicas llevándole hasta los medios. Quita por verónicas, y tras un primer par de banderillas hace callar a la música, cita de espaldas para quebrarla y clavar tras girar en la cara del toro. La plaza se vino abajo.

Brindó la faena de muleta a Fernando Masedo Torres, el decano de los periodistas extremeños, que el pasado viernes recibía un merecidísimo homenaje de sus compañeros y demás aficionados, y al que Antonio – que estuvo presente en esa cena – quiso sumarse además con este brindis. Si el toro había sido bueno en el capote y banderillas, en la muleta fue una máquina de embestir. Un animal repetidor y bravo, que humillaba haciendo surcos por la arena con el hocico, y que tenía encima la gran virtud de rebosarse más de un metro cada vez que se deslizaba por la muleta. Un toro de vacas. Al que Antonio supo entender a la perfección, enganchándole y trayéndole siempre muy toreado, en series largas, de muletazos inacabables por ambos pitones.

Una delicia de toro bravo. Capaz de aguantar al mismo ritmo de embestida durante el tiempo que duró la faena de Ferrera, queriendo siempre coger la muleta por abajo y con una nobleza digna de elogio.

Poco a poco fueron surgiendo las voces en la plaza, cada vez más numerosas, hasta terminar en claros gestos de reprobación cuando el torero fue a buscar el estoque de manos de su hermano, y mozo de espadas, Diego. “No lo mates, no lo mates”, se escuchaba por los multicolores tendidos, y se cumplió el deseo cuando el Presidente asomó el pañuelo naranja en el balconcillo.

Júbilo en la afición, en el ganadero y en Antonio Ferrera, que ha visto como en poco más de quince días ha indultado a dos toros de forma consecutiva».

Salieron los mansos y ‘Mosquetero’ fue devuelto a los corrales para que curasen sus heridas, y volver al campo charro para sembrar de bravura y nobleza la dehesa salmantina».