Rosas y vinagre

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En contraste de lo que nos enseñaron siendo niños de la propiedad conmutativa, en esta ocasión el orden de los factores sí alteró el resultado; ya que a diferencia de lo que cantase Sabina esta vez las rosas en forma de brindis llegaron antes que el vinagre en que se tornó la espada sin punta impidiendo que el pacense pudiese rubricar con el premio del apéndice la dedicatoria al amigo, al poeta, al cantante.

 

Talavante brindando a Sabina en el coso de Insurgentes. En esta ocasión no hubo Vinagre y Rosas, y sí al contrario. (FOTO:Emilio Méndez-suertematador.com)