Ideas para salir del bucle temporal

El día de la marmota

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«…Lo que llevado a territorio cañí sería asistir a la presentación de los carteles de las principales ferias taurinas de nuestra querida España. No hay más que ver los ya anunciados de Castellón y los que, presumiblemente, se avecinan para el próximo jueves en Olivenza y más tarde en Valencia, Sevilla…»

Antonio Girol.-

Seguro que muchos de ustedes vieron ayer en la noticias el popular método que anualmente siguen en Norteamérica para predecir lo que resta de invierno.  Me estoy refiriendo al famoso día de la marmota. Ese en el que en un pueblo de Pensilvania de impronunciable nombre sacan de su madriguera a tan legañoso animalito para que les ‘diga’ si los fríos están en retirada o perdurarán otras seis semanas más en el calendario.

Tan folclórica forma de pronosticar el fin de la estación invernal cuando justo queda más o menos la mitad de los días ya transcurridos de la misma ha sido llevada incluso al cine.  Ahí está esa mítica película titulada ‘Atrapado en el tiempo’, cuyo argumento discurre precisamente en Punxsutawney (el pueblo de impronunciable nombre al que me refería antes) donde la mediática Phil vaticina lo que queda de invierno. Seguro que la han visto en alguna ocasión, ya que las distintas cadenas de nuestro país tan poco amigas a emitir corridas de toros se encargan de reponerla con cierta periodicidad.

De tal manera que continuamos sine die comprobando lo gracioso que está Bill Murray cuando mete el pie cada mañana en el mismo charco helado… Porque de eso va la película y de ahí su título. El protagonista, meteorólogo de profesión, acude al afamado pueblo a cubrir la anual efeméride, y revive una y otra vez el mismo día en un bucle interminable que acaba por hacerle perder los nervios.

Vamos, lo que llevado a territorio cañí sería asistir a la presentación de los carteles de las principales ferias taurinas de nuestra querida España. No hay más que ver los ya anunciados de Castellón y los que, presumiblemente, se avecinan para el próximo jueves en Olivenza y más tarde en Valencia, Sevilla… Una y otra vez los mismos de siempre como si los aficionados también nos hubiésemos quedados atrapados en el tiempo, al estilo Bill Murray.

Como hoy me he levantado generoso voy a regalar a empresarios y productores taurinos una idea, a fin de que ni ellos caigan continuamente en ese terrible bucle temporal, ni nosotros tengamos que sufrir sus consecuencias.  Pónganse en situación. Imaginen que el próximo jueves, 5 de marzo, en lugar de acudir al Convento de San Juan de Dios de Olivenza para asistir a la presentación de los carteles de la feria lo hicieran para presenciar un sorteo. Sí, al estilo de esos que cada año se celebran para decidir los grupos de la Champions League, por ejemplo.

«…Como hoy me he levantado generoso voy a regalar a empresarios y productores taurinos una idea, a fin de que ni ellos caigan continuamente en ese terrible bucle temporal, ni nosotros tengamos que sufrir sus consecuencias…»


 

Les aseguro que sentarse en tan monástico lugar para ver como de dos bombos se van extrayendo nombres para las combinaciones de los cuatro festejos sería mucho más interesante que la acostumbrada presentación con pregón incluído. Y lo mismo ocurriría en el resto de ferias. Además de que supondría un ‘pelotazo’ mediático. A lo mejor hasta alguna tele se animaba y lo televisaba en directo con lo necesitada que esta fiesta está de calor mediático. ¡Quién sabe!

En un bombo los nombres de los toreros elegidos para la ocasión y en el otro las ganaderías, en este caso elegidas por los aficionados por votación popular. ¿Se imaginan esa bola, por ejemplo, de ‘El Juli’ que acaba de salir y espera a que salga el ganado con el que vérselas en el ruedo? El entorno del torero cruzando los dedos para que salga el hierro de Garcigrande, la perita en dulce del sorteo… ¡Y de repente sale el de Victorino Martín! El impresionante ¡oh! de los presentes retumbaría con estruendo en el sonoro ábside del abacial edificio. Y así uno a uno cerrándose los carteles. Al finalizar el acto se hablaría del mal sorteo que ha tenido fulano en comparación con la suerte de citrano que siempre tiene un grupo asequible al estilo de los que, futbolísticamente, en cada edición de la Champions suelen tocarle al Real Madrid.

Desgraciadamente esta idea nunca verá la luz. El taurinismo, que cada invierno hace votos en vano buscando regenerarse, es incapaz de innovar con algo tan sencillo como enfrentar a sus principales dignatarios en una competición que de verdad sea interesante y llamativa para el público y el aficionado.  En cambio, un año más sus notables volveran a desempolvar sus apolilladas chisteras para ir a la madriguera en busca de su particular marmota Philip mientras se preguntan por qué cada vez esta fiesta genera menos atractivo.