OLIVENZA - 4ª de abono

Heroica y la musa de la música

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Dos orejas cortaron Enrique Ponce y Rivera Ordóñez ‘Paquirri’ en el cuarto y el quinto de la tarde tras cimentar sus actuaciones en la heroica de una faena en tabla y una voltereta espeluznante que pudo tener serias consecuencias.

LA FICHA

TOROS: Se han lidiado toros de Domingo Hernández (1º) y Victoriano del Río. Faltos de raza y de fuerzas justas.

ESPADAS:

–  Enrique Ponce (purísima y oro ), ovación y dos orejas.
Rivera Ordóñez ‘Paquirri’ (grana y oro), división de opiniones y dos orejas.

Morante de la Puebla (obispo y oro), ovación con saludo y silencio.

INCIDENCIAS: Prácticamente lleno. Tarde de temperatura agradable. Rivera Ordóñez ‘Paquirri’ fue obligado a saludar al romperse el paseíllo. Se desmonteró José Antonio Carretero en el sexto. Actuaron musicalmente la Filarmónica de Olivenza y la banda del Maestro Tejera de Sevilla. Presidió Antonio Mesa

Instante de la voltereta sufrida por Rivera Ordóñez 'Paquirri' (FOTO: Mundotoro.com)

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PATIO DE ARRASTRE (Opinión)

Sixto Naranjo

GALERÍA GRÁFICA

Jose Campos

Antonio Girol.-

Era tarde de desafío musical en el tendido, de ahí que el destino eligiese a la heroica como seña de identidad del último festejo de la feria de Olivenza. Y es que como ocurrió en su día con la sinfonía número 3 de Beethoven, conocida popularmente como Heroica, cuya irrupción rompió con la tradicional sinfonía clásica dando lugar al amanecer del romanticismo musical; en este caso la ruptura tuvo lugar en el cuarto de la tarde al dejar a un lado Enrique Ponce su habitual academicismo en pos del pundonor torero de presentar batalla en tablas a un manso pregonado. Hasta ese momento nada se había salido de la partitura establecida:

Ponce había estado aseado en su labor de enfermero con el primero de la tarde, del hierro de Domingo Hernández. Un animal sin fuerzas al que intentó el de Chiva mimar durante toda la faena y que a pesar de sus muchos cuidados paliativos de muleta se desparramaba por la arena.

La banda del Maestro Tejera interpretando Martín Agüero había sido lo más destacado en la lidia del segundo de la tarde, primero de Rivera Ordóñez. El cual, más allá de los doblones con los que abrió y cerró la faena, no hizo nada digno de ser recordado. Ni siquiera el mitin que dio con los aceros. Se supone que destemplados de tanto tiempo sin usarse.

Y Morante de la Puebla se había estirado de capote arrancando los primeros olés roncos de la tarde. Sonaba Suspiros de España, interpretados de manera majestuosa por los músicos sevillanos, y la corrida iba pasando como una exhalación. Sobre todo porque los toros no se prestaban a más y los tres diestros, con acertado criterio, no querían aburrir al respetable alargando unos trasteos tan intrascendentes como vacíos de contenido más allá de pequeños fogonazos inconexos.

Tuvo entonces Euterpe, la musa de la música, presente en la plaza hasta la muerte del quinto, que convocar a la heroica para que evaporara el sopor de los tendidos. ¡Y de qué manera lo hizo! Primero arrebatando a Ponce que plantó batalla a un toro brusco que desde salida cantó que quería tablas y en esa su jurisdicción apretaba a los toreros hasta el punto de que su experimentada cuadrilla pasó un mal rato en banderillas.  Intentó el valenciano quitarle esa querencia cambiándole los terrenos y por más tapado que lo quiso llevar en una serie en redondo al final, el de Victoriano del Río, acabó yéndose al sitio en el que se sentía cómodo y a la vez poderoso. Y allí surgió el relampagazo. Pegado a tablas Ponce le consiguió enjaretar una tanda de naturales sueltos que fueron prendiendo la mecha hasta explotar en la gran mascletá al conseguir una serie con la derecha que hizo sudar copiosamente al torero y levantarse de los asientos al respetable. El hombre había ganado la pelea al bruto y así fue reconocido por la concurrencia que le otorgó las dos orejas de su oponente.

Pero no quedó ahí la heroica de la tarde porque lo que vendría después también llevaría su sello. No había puesto banderillas Rivera Ordoñez a su primero, y si les soy sincero ni reparé en ello en su momento y creo que tampoco el resto de la plaza pues nadie protestó exigiéndole que lo hiciese. Sin embargo en el quinto, ante unos tímidos pitos en el tendido de sombra cuando vieron de nuevo coger los palos a su cuadrilla, sí lo hizo. Tras un primer par que no quedó en buen sitio, al clavar el segundo se trastabilló a la salida de la reunión y perdió pie cerca del tercio quedando a merced de los pitones del toro. Sufrió una aparatosa voltereta que pudo tener consecuencias graves y que afortunadamente quedó en diversas magulladuras y un terrible susto. Se sacudió el polvo del vestido y desoyendo consejos pidió un nuevo par que clavó al violín.

Reparada la banda de la taleguilla con esparadrapo brindó a su hija presente en el tendido que había pasado un mal rato viendo como su padre era presa del toro de Victoriano del Río. El percance motivó que el público quedase expectante al estar ‘Paquirri’ mermado físicamente. No sé si por esta circunstancia del menoscabo de facultades  o porque el diestro dinástico viene con aires renovados, el caso es que toreó con una despaciosidad desconocida en su habitual tauromaquia, lo que se tradujo en una faena muy pausada en la que destacaron los naturales de trazo lento en los medios.  Ese hecho sumado a la sensacional estocada que cobró le valieron las dos orejas con las que fue premiado.

Terminada la vuelta al ruedo del nieto del gran Ordóñez la heroica y la musa de la música se cogieron del brazo y se marcharon de la plaza para desgracia de los fieles de Morante que tuvimos de nuevo que conformarnos (me incluyo en la primera persona del plural) con el sonido filarmónico de las notas musicales y con otro toro agarrado al piso con el que el de La Puebla no pudo más que dejar acá un natural suelto sublime, allá un remate de trazo fino o un molinete garboso. En resumen, retazos de una obra inacabada…

PATIO DE ARRASTRE

Sixto Naranjo/Director ‘El Albero’ – COPE

Maestro, reaparición y toreo

Sorprendentemente no se llenó Olivenza para ver la vuelta de Francisco Rivera Ordóñez. El mayor de los hijos del recordado Paquirri regresó a los ruedos y lo hizo con susto. La paliza que recibió en su segundo toro le recordó la dureza de esta profesión. Triunfo para quien quiere volver para reverdecer laureles.

Quien sigue en sus trece de ser un torero eterno es Enrique Ponce. El de Chiva iniciaba su temporada número 25 como matador de toros y lo hizo por todo lo alto. Maestría, cabeza, estética… sus armas que nunca fallan.

Y Morante, quien salió a pie pero quien dejó para el recuerdo detalles de muchos quilates. No ayudó el lote, pero las verónicas de recibo a su primer toro, su quite a pies juntos, su inicio de faena… Alimento espiritual para los aficionados.

Olivenza sigue apostando por un producto y unas combinaciones que no fallan en taquilla. La FIT se estrenó en España.


GALERÍA GRÁFICA (JOSE CAMPOS)

Enrique Ponce

Enrique Ponce

Enrique Ponce

Enrique Ponce

Enrique Ponce

Rivera Ordóñez 'Paquirri'

Rivera Ordóñez 'Paquirri' Rivera Ordóñez 'Paquirri' Rivera Ordóñez 'Paquirri'
Rivera Ordóñez 'Paquirri' Morante de la Puebla

Morante de la Puebla

Morante de la Puebla Morante de la Puebla Morante de la Puebla
Rivera Ordóñez 'Paquirri' y Enrique Ponce, a hombros