OLIVENZA / Novillada con picadores

Pablo Aguado llama a la puerta.

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1963

El novillero sevillano deja los mejores pasajes por estética y valía en una novillada en la que Toñete apuntó maneras y Leo Valadez se topó con el peor lote. El festejo comenzó con media hora de retraso por inclemencias meteorológicas.


OLIVENZA / Novillada con picadores
NOVILLOS: Se han lidiado novillos de la ganadería de El Parralejo, bien presentados y de juego desigual, destacando el 4º en bravo. El peor, el 5º que resultó desrazado.
NOVILLEROS:
-Pablo Aguado (grosella y oro), ovación con saludos y oreja.
-Leo Valadez (azul rey y oro), silencio y palmas
-Toñete (azul noche y oro), oreja y palmas
INCIDENCIAS: Un cuarto de entrada. El festejo comenzó con media hora de retraso por lluvia. Temperatura fría.

Antonio Girol.-

     La lluvia, protagonista durante todo el día, dio, pasada las cinco y media de la tarde, una pequeña tregua tras la última descarga y en tiempo récord los operarios de Ruedo de Olivenza quitaron la lona que cubría el albero para que Pablo Aguado, Leo Valadez y Toñete, seguidos de sus cuadrillas, pudiesen, con media hora de retraso sobre el horario anunciado, hacer el primer paseíllo de esta feria de Olivenza.

     Despejado el ruedo salió el primer Parralejo que tuvo tanta nobleza como poco fondo. Novillo que acusó además la costalada que sufrió tras ser picado. Anduvo Pablo Aguado fácil con él, pulsándole las embestidas por el pitón derecho en series muy templadas. Por el izquierdo solo pudo extraer una serie de uno en uno. Mató de estocada entera y fue obligado a saludar una ovación desde el tercio.

     Una oreja, que se antojó poco premio para su labor, paseó del cuarto. Un novillo con la exigencia propia que da lo bravo al que Aguado saludó a portagayola. Pero donde mostró su verdadera dimensión fue con la muleta. Con el hilo conductor del toreo clásico enjaretó una faena bien trenzada en la que compuso series de toreo caro que remató de manera sensacional tanto con los de pecho de pitón a rabo como con los pases por bajo de notable inspiración sevillana. Provocando que el público vibrase con su labor. No estuvo acertado con el acero en el primer intento y ello impidió mayor premio.

     A Leo Valadez le correspondió el peor lote del encierro. Su primero tenía buena condición, pero se hizo daño en una mano tras costalada en el primer tercio. Esa merma física la acusó el animal impidiéndole ir a más como era su intención a la hora de embestir. Aun así, el mexicano logró instrumentar series muy relajado, tanto que fue volteado por un exceso de confianza. Lo más destacado de su labor vino en los circulares invertidos. Luego se embarulló en el epílogo de faena, alargándolo en demasía. Unido al mal uso del acero. Lo que provocó que fuese silenciado.

     El quinto fue el garbanzo negro del encierro. Falto de raza, el del Parralejo no permitió a su lidiador más brillantez que un vistoso quite por zapopinas y el chispeante inicio de último tercio con las dos rodillas en tierra toreando en redondo. Tras ese espejismo el novillo se apagó y Valadez no pudo más que justificar su presencia a base de voluntad que el público recompensó con palmas en la despedida.

     Es tan obvio que a Toñete le falta oficio como manifiesto son su valor, sus ganas y sus formas.  Por eso, tras la dramática voltereta que sufrió en el inicio de faena por culpa de no dar el toque oportuno a su antagonista a la hora de ejecutar un ayudado por alto, se rehízo y lo que siguió fue una declaración de intenciones de qué quiere ser como torero. Le queda aún mucho para lograrlo, pero está en el camino indicado porque en todo momento optó por enganchar las embestidas, tirar de ellas y ejecutarlas por debajo de la pala del pitón y de la forma más pura posible. Ese es el camino y se nota la mano de Manolo Sánchez en sus enseñanzas. Mató de estocada efectiva y fue premiado con una oreja.

     En el sexto, producto de su bisoñez, poco pudo hacer más allá de porfiar para mantener la atención del respetable que a esa hora estaba deseando salir de la plaza para encaminar sus pasos a algún lugar más cálido. La faena en donde a veces el animal embestía con calidad y en otras le costaba más seguir la muleta precisaba de un oficio del que aún carece el novillero madrileño pero que a buen seguro adquirirá conforme avance la temporada porque se le intuyen mimbres para ello.


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