CABEZA LA VACA - Festival con picadores

Ilusiones truncadas

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Paseíllo de categoría para Eric Olivera

La ilusión y las ganas de Eric Olivera alumbraron lo único positivo, junto con el toreo desplegado por Finito de Córdoba a su segundo, en el festival taurino con picadores que se celebró en la localidad pacense y que tuvo el denominador común del mal juego de los utreros de Dolores Rufino unido al mal uso de los aceros de los espadas.


CABEZA LA VACA – Festival taurino con picadores

NOVILLOS: Se han lidiado cuatro utreros de Hijos de Dolores Rufino Martín y un eral del mismo hierro, desrazados en conjunto.

TOREROS:
Finito de Córdoba, silencio y ovación con saludos.
David de Miranda, silencio y ovación con saludos.
Eric Olivera (ET de Badajoz), oreja.

INCIDENCIAS: Tres cuartos de aforo. Tarde de temperatura agradable.


Antonio Girol.-

       A diferencia de hace dos temporadas, cuando los novillos de Dolores Rufino Martín permitieron a El Cordobés, El Cid y José Antonio Monesterio repartirse diez orejas y un rabo, en esta ocasión han dado al traste con las ilusiones de los toreros y de los aficionados que pasaron por taquilla para verlos en el ruedo de Cabeza la Vaca y que solo pudieron solicitar un trofeo para el novillero Eric Olivera en el que cerró plaza.

       Tardo y de embestida muy corta, el primero no permitió a Finito de Córdoba más que esbozar una verónica en el saludo capotero y abrochar con una media que tuvo el aroma inconfundible del toreo de capa del diestro de Córdoba. Agarrado al piso tras recibir el puyazo de rigor, el novillo se aburrió muy pronto y con él un Finito que lo intentó a media altura, pero ante la inmovilidad del utrero no tuvo más opción que ir a por la espada.

       Que el Fino vino con ganas de agradar a los aficionados quedó patente desde que salió para hacer el paseíllo y se llevó la mano al corazón para agradecer la ovación que le tributó el público. No pudo congraciar con su primero, pero sí lo logró en su segundo, y a lo grande. Lástima que se atascara con el acero. Pero eso vino después de que pusiera en éxtasis a los tendidos con su toreo. El quite por verónicas que abrochó con una media antológica fue el prólogo. Esas ganas, a la que aludía antes, quedaron palpables en cómo estuvo pendiente en todo momento de que la brega en el tercio de banderillas. Inició la faena de muleta por doblones muy toreros. De esa manera sacó al de Dolores Rufino al tercio y comenzó a macerar una faena en la que pidió a la música que no atacase con el pasodoble hasta que logró meter al utrero en el canasto de la franela. Con la que impartió una clase de toreo clásico en medio de un silencio reverencial solo roto ora con los olés, ora con un biennnn que estiraba enes finales en la misma media que el Fino alargaba la embestida del utrero tanto con la diestra como al natural ayudándose del estoque simulado. Quizás pecó de pasarse de faena y eso fue lo que le perjudicó a la hora de matar pues el astado no le ayudó en ningún momento y pinchó en reiteradas ocasiones.

       En el lote de David de Miranda no hubo ningún novillo que le permitiera poner en práctica su personal tauromaquia de quites que cortan el aliento e inicios en los medios de pellizco en la barriga. Tanto uno como otro pecaron al igual que sus hermanos de camada de una alarmante falta de raza a los que sumaron arreones en las escasas embestidas que regalaron. A su primero le aplicó dosis de temple con la diestra y de esa manera logró extraer algunas series estimables. Por el izquierdo lo intentó, pero tuvo que desistir porque no tenía ni uno. En su segundo, el onubense comenzó la faena de muleta con estatuarios que albergaron un rayo de esperanza, pero quedó todo en un espejismo. A la segunda tanda, el de Dolores Rufino echó el freno de mano y al diestro de Trigueros no le quedó más que darse un arrimón que el respetable le agradeció obligándole a saludar una ovación cuando atronó a su antagonista.

       Cerró el festejo Eric Olivera, alumno de la Escuela Taurina de Badajoz, al que correspondió un eral del mismo hierro que si bien también fue mansito, al menos se movió más que sus hermanos mayores. Olivera mostró que es un novillero para tener muy en cuenta porque a las maneras clásicas de su toreo le imprime además ese punto de raza que deben tener todos aquellos que empiezan y quieren llegar. Saludó al novillo toreando a la verónica de rodillas para después continuar con una serie de chicuelinas que sacaron al público del sopor en el que se encontraba instalado. Bonito y variado también resultó el quite. Con mucha torería inició la faena de muleta sacando al eral al tercio por ayudados por alto. A base de toques y llevándolo siempre muy tapado le fue robando series en una faena vibrante en la que mostró un buen manejo de la mano izquierda. Lástima que a la más mínima que el animal veía algo de luz se rajaba yéndose a tablas lo que impedía que hubiese ligazón y continuidad en la faena. Epilogó con benardinas que rubricaron su actuación premiada con una merecida oreja.

GALERÍA GRÁFICA. FOTOS :GALLARDO

OTRAS IMÁGENES. FOTOS: GALLARDO